Ganadería trashumante
La trashumancia se define como un tipo de ganadería que es móvil, adaptándose en el espacio a zonas de productividad cambiante. Se diferencia del nomadismo, en el que los lugares de pastoreo en cada estación son fijos. Se calcula que esta actividad, sumada a la de la ganadería nómada, ocupa a unos 100-200 millones de personas en el mundo; los terrenos explotados bajo estos sistemas representan aproximadamente 30 millones de km², el doble de las tierras dedicadas a la agricultura.
Este tipo de ganadería tiene grandes ventajas, como el aumento de la fertilidad de los suelos, que se benefician con la incorporación de estiércol y otros vegetales. En España, por ejemplo, muchos bosques se han conservado gracias al paso del ganado, como los pinares en Guadarrama y en la Serranía de Cuenca; los hayedos y robledales en la Cornisa Cantábrica y los encinares y los alcornocales en Andalucía y Extremadura. Los animales también contribuyen a la lucha contra los incendios, ya que tienen como alimentos materiales muy combustibles.
Pastoreo nómada
El pastoreo nómada es, aún en la actualidad, la forma de subsistencia de diversos pueblos que se encuentran marginados, como los tuareg, que habitan en el desierto del Sahara; los masái, que ocupan las zonas montañosas de Kenia y Tanzania; y los lapones, también llamados saamis, que se encuentran en norte de la península Escandinava y de Rusia. En la actualidad, el futuro de estos grupos humanos y de su actividad económica se encuentra amenazado por normas que prohíben el libre movimiento del ganado y ocupan los territorios nómadas con fines agrícolas, industriales y urbanos.
Desde el siglo XII existe en España una ley que protege unos 125.000 kilómetros de caminos ganaderos, que equivalen a unas 400.000 hectáreas. Estos caminos permiten el movimiento de los rebaños por todo el país en régimen de trashumancia.

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